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7-jun.-2026, domingo de la 9.ª semana del T. O. Corpus Christi

Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” [...] que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse..., sin presentarse de modo espectacular

En el radiante amanecer de un nuevo día, de un domingo como día dedicado a ti. Gracias, Señor, porque al abrir nuestros ojos y contemplar las maravillas de tu creación, nos das un aliciente más para vivir, servir y compartir nuestra propia vida. Nos levantamos para seguir compartiendo y viviendo este tiempo de descanso. Dedicado a ti. 

Gracias, Señor, porque en este alimento tan especial de tu Cuerpo y de tu sangre hallamos el sentido espiritual a lo que tú hiciste con nosotros en la última cena; en las palabras que dirigiste a los judíos: «yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo el que coma de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». La fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo se nos presenta también como una oportunidad para reflexionar sobre el misterio de tu presencia; al hacer memoria agradecida de tu acción divina y renovar nuestro compromiso de fe, pues cuando recibimos tu cuerpo y sangre, nos convertimos en aquello que comemos. Además, y como consecuencia, «todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de tu único pan». Tenemos que caer en Cuenta de que no podemos comulgar contigo si no comulgamos entre nosotros. Si queremos encontramos contigo, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros porque formamos parte del mismo cuerpo. Somos comunidad, alimentados todos por tu cuerpo y tu sangre. por eso al celebrar el Corpus, renovamos nuestra fe, nuestra creencia en que tú estás presente realmente por la acción del Espíritu Santo y por las palabras de la consagración “Eres Dios-con-nosotros”. Gracias, Señor, por permitirnos reflexionar sobre este sentido tan bello y hermoso de tu presencia entre nosotros, pero sobre todo porque te has convertido en alimento que perdura para la vida eterna. 

Ahora podemos pensar: ¿A qué me compromete la fiesta que celebramos hoy? ¿Cómo superar la rutina de las celebraciones eucarísticas, diarias o dominicales? ‘Cómo me voy a comprometer alimentarme con este alimento tan especial? Los bendigo en el amor de Jesús sacramentado. Feliz domingo.

Palabras del Papa

Quisiera recordar también los versos poéticos de san Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular (cf. ibíd.).

Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría. Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza (León XIV homilía en “Plaza de Cibeles” de Madrid, domingo, 7 de junio de 2026).

Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche
ORACIÓN 

Lo de Jesús es una fiesta; es de gente bien alimentada, que dispone de agua abundante y vino a discreción, a plena luz, en medio de amigos, disfrutando de la invitación y la presencia del Padre. Esto es una imagen del mundo definitivo, y Jesús alude a ese Banquete definitivo en varias ocasiones, pero es también una imagen de la situación interior de los que siguen a Jesús: tener la vida llena de sentido, sentirse liberado de tantas necesidades que no hacen más que encadenarnos, sentirse estimulado por el amor, no por el miedo, saberse querido, útil, necesario, atender a valores válidos para la humanidad entera, vivir comprometido, compartiendo, humanizando y humanizándose, fundar la esperanza de vida eterna en el amor de un Padre (J.E. Galarreta).Amén 

REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/corpus-christi-7-de-junio-de-2026 

La Eucaristía está íntimamente unida al amor. “Habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo” 

         CUALIDADES DEL AUTÉNTICO AMOR:

1.- El amor no se va. El amor se queda.  Los enamorados apuran todo el tiempo que pueden estar juntos. Y, cuando se separan, se llevan en el corazón las palabras, los signos de afecto, el recuerdo de aquellos momentos bonitos y el deseo de volver. La madre que lleva a su hijo al hospital no se separa del hijo hasta que no la echan o le dan el alta.… Se dice, con mucha razón, que estamos más cerca donde amamos que donde vivimos. A miles de kilómetros de distancia podemos estar muy unidos. Estando muy juntos, podemos estar muy distantes. (Matrimonios que se llevan mal) El amor tiene tanta fuerza que ni la muerte puede con él. Nos arrebata a la persona que tanto amamos, pero no puede arrebatarnos su cariño. Jesús, como era Dios, inventó la manera de quedarse siempre con nosotros a pesar de irse definitivamente al cielo. Eso es el Sacramento de la Eucaristía. Se quedó para estar con nosotros, para ayudarnos, para consolarnos, para alimentarnos, para abrazarnos íntimamente. Siempre que celebramos este Sacramento le hacemos presente y recordamos todo lo que nos amó.

2.- El amor da y se da. Es el día de la Caridad. Es el día en que recordamos que nadie debe ser extraño ni forastero en la gran familia humana. En este día el Señor nos pone en guardia frente a las excusas de siempre. Las que dieron los discípulos a Jesús cuando les dijo que les dieran ellos de comer a la gente en el desierto: ¡Manda que se vayan!…  En esto no hemos avanzado. Los pobres, los emigrantes, los descartados, nos estorban.  El amor consiste también en darse. En esa bonita parábola del Samaritano, éste dio lo que tenía: el aceite, el vinagre, el dinero… Pero ¿Qué hubiera pasado si sólo hubiera dado eso? Que aquel que estaba tendido en el suelo se hubiera quedado con el aceite, el vinagre, y la cartera, pero se hubiera muerto. Tuvo que ser Él quien lo montara a caballo, lo llevara al posadero, se preocupara personalmente de él. El amor no es estático, sino dinámico. El corazón tiene la función de enviar constantemente al organismo sangre arterial, roja, purificada.  En el momento que deja de cumplir su función, se para y se muere.

León XIV recordó que el milagro de los panes no es solo un prodigio, sino un signo que nos recuerda que “los dones de Dios” crecen en abundancia cuando se ponen al servicio de los demás.

Jesús pide a los Apóstoles que ofrezcan lo poco que tienen. Y es a partir de ese gesto humilde de generosidad que todos quedan saciados, afirmó el Papa. Esa dinámica, señaló, alcanza su plenitud en el sacramento de la Eucaristía, donde Dios mismo se ofrece en el pan y el vino consagrados, aceptando lo que la humanidad le presenta y devolviéndolo como don divino: el Cuerpo y la Sangre de Cristo (22-junio-2025).

3.-El amor se manifiesta. Y éste es el sentido de la procesión. Jesús hoy sale por las calles y las plazas del pueblo para bendecir a todos: a los niños, a los mayores; a los sanos, a los enfermos; a los que creen y a los que no creen; a los que le adoran y a los que blasfeman contra Él. El Señor sólo sabe amar. Por eso manda la lluvia y el sol sobre buenos y malos.  A este derroche de amor sólo se puede contestar con amor. Y eso es lo que nosotros queremos hacer: manifestar nuestro amor con las flores de los niños inocentes que han hecho su primera comunión. Las flores son besos en la distancia. Hoy la Misa es completa. No decimos ¡Podéis ir en paz! Continuamos en una procesión. A este respecto son bonitas las palabras del Papa: El paso de la Eucaristía «entre las casas y por las calles de nuestra ciudad», explicó el Papa Benedicto XVI, es «para quienes viven en ellas una oferta de alegría, de vida inmortal, de paz y de amor». De este modo, dijo, la Iglesia quiere «llevar idealmente al Señor Jesús por todas las calles y barrios de Roma».  Con este gesto el Papa quiso sumergir a Cristo «en la cotidianidad de nuestra vida para que Él camine donde nosotros caminamos, para que viva donde vivimos», según había dicho en la homilía.  «Caminamos por las calles del mundo sabiendo que Él va a nuestro lado, apoyados por la esperanza de poderle ver un día con el rostro descubierto en el encuentro definitivo», afirmó.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.