En el radiante amanecer de un nuevo día, de un domingo como día dedicado a ti. Gracias, Señor, porque al abrir nuestros ojos y contemplar las maravillas de tu creación, nos das un aliciente más para vivir, servir y compartir nuestra propia vida. Nos levantamos para seguir compartiendo y viviendo este tiempo de descanso. Dedicado a ti.
Gracias, Señor, porque en este alimento tan especial de tu Cuerpo y de tu sangre hallamos el sentido espiritual a lo que tú hiciste con nosotros en la última cena; en las palabras que dirigiste a los judíos: «yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo el que coma de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo». La fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo se nos presenta también como una oportunidad para reflexionar sobre el misterio de tu presencia; al hacer memoria agradecida de tu acción divina y renovar nuestro compromiso de fe, pues cuando recibimos tu cuerpo y sangre, nos convertimos en aquello que comemos. Además, y como consecuencia, «todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de tu único pan». Tenemos que caer en Cuenta de que no podemos comulgar contigo si no comulgamos entre nosotros. Si queremos encontramos contigo, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros porque formamos parte del mismo cuerpo. Somos comunidad, alimentados todos por tu cuerpo y tu sangre. por eso al celebrar el Corpus, renovamos nuestra fe, nuestra creencia en que tú estás presente realmente por la acción del Espíritu Santo y por las palabras de la consagración “Eres Dios-con-nosotros”. Gracias, Señor, por permitirnos reflexionar sobre este sentido tan bello y hermoso de tu presencia entre nosotros, pero sobre todo porque te has convertido en alimento que perdura para la vida eterna.
Ahora podemos pensar: ¿A qué me compromete la fiesta que celebramos hoy? ¿Cómo superar la rutina de las celebraciones eucarísticas, diarias o dominicales? ‘Cómo me voy a comprometer alimentarme con este alimento tan especial? Los bendigo en el amor de Jesús sacramentado. Feliz domingo.
Palabras del Papa
Quisiera recordar también los versos poéticos de san Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es “aquella eterna fuente que está escondida” fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular (cf. ibíd.).
Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría. Bebamos de nuevo de esta fuente eucarística, que no nos encierra en una devoción privada, sino que nos envía a regar a los hermanos, a las familias, a los pobres, a quienes sufren, a quienes han perdido la esperanza (León XIV homilía en “Plaza de Cibeles” de Madrid, domingo, 7 de junio de 2026).
