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5-jun.-2026, viernes de la 9.ª semana del T. O.

No nos desanimemos cuando una vida coherente con el Evangelio atrae las persecuciones de la gente: existe el Espíritu que nos sostiene en este camino

Los sentimientos que nacen hoy en nuestros corazones, al igual que este día, nos motivan a levantarnos con una actitud generosa y bondadosa para entregar con optimismo lo que llevaremos a nuestras actividades en este caminar. Que ojalá todo sea felicidad. Ayúdanos para que todo lo hagamos con amor.

Señor, qué bello debía ser para la gente que disfrutaba escuchándote, porque lo hacías con sencillez, pero con inteligencia; con la autoridad de quien es Maestro y con la sabiduría de los rabinos; con un señorío sorprendente y, a su vez, sabiéndote Hijo del Padre bueno. Con todo esto eres capaz de enfocar tu mensaje desde el corazón. Por eso debemos vivir sabiéndonos hijos y siguiendo el buen camino, como lo hiciste Tú. 

Concédenos hoy la gracia de encontrar esa sabiduría que es capaz de llamar la atención y sorprender a los demás; la sabiduría de vivir centrados, caminando con pie firme. No permitas que caigamos en ceguera espiritual a causa de nuestras debilidades y, si enceguecemos, danos la luz de la esperanza para que nuestro caminar sea firme en el amor. 

Ayúdanos, Señor, a reconocer tu bondad y misericordia, teniendo un corazón agradecido. Demos gracias a Dios todos los días por el amanecer, la vida, el bienestar; por las cosas que nos regalas cada día; por tu infinito amor por nosotros; por tantas cosas buenas que nos suceden. Sepamos dar las gracias a Dios con la valentía de un corazón lleno de gratitud y amor. Que seamos capaces de reconocer nuestra debilidad y digamos en nuestra oración la frase de santa Teresa de Jesús: “Quien a Dios tiene nada le falta”.

Que hoy seamos capaces de disfrutar del fin de semana que tenemos por delante, viviendo la plenitud de tu amor unidos a nuestros hermanos a los que queremos servir con generosidad. Amén. 

Un muy feliz viernes, lleno de bendiciones salud y bienestar, dispuestos a cumplir la voluntad del Padre celestial con CORAZÓN AGRADECIDO. 

Las palabras de los Papas

Es doloroso recordar que, en este momento, hay muchos cristianos que sufren persecución en varias partes del mundo, y debemos esperar y rezar para que su tribulación se detenga cuanto antes. Son muchos: los mártires de hoy son más que los mártires de los primeros siglos. Expresemos a estos hermanos y hermanas nuestra cercanía: somos un solo cuerpo, y estos cristianos son los miembros sangrantes del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. (…) La exclusión y la persecución, si Dios nos concede la gracia, nos asemejan a Cristo crucificado y, asociándonos a su pasión, son la manifestación de la vida nueva. Esta vida es la misma que la de Cristo, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación fue “despreciado y rechazado por los hombres” (cf. Is 53,3; Hch 8,30-35). Acoger su Espíritu puede llevarnos a tener tanto amor en nuestros corazones como para ofrecer nuestras vidas por el mundo sin comprometernos con sus engaños y aceptando su rechazo. Los compromisos con el mundo son el peligro: el cristiano siempre está tentado de hacer compromisos con el mundo, con el espíritu del mundo. Esta —rechazar los compromisos y seguir el camino de Jesucristo— es la vida del Reino de los Cielos, la alegría más grande, la felicidad verdadera. Y luego, en las persecuciones siempre está la presencia de Jesús que nos acompaña, la presencia de Jesús que nos consuela y la fuerza del Espíritu que nos ayuda a avanzar. No nos desanimemos cuando una vida coherente con el Evangelio atrae las persecuciones de la gente: existe el Espíritu que nos sostiene en este camino. (Francisco - Audiencia general, 29 de abril de 2020)

ORACIÓN 

Señor, yo quiero darte gracias porque Tú me caes muy bien y te siento muy cercano. Esos personajes famosos que tanto interesaban a los escribas y fariseos de entonces: un David, un Salomón, … ¡Qué lejos me caen! En cambio, Tú estás ahí, estás cerca, te siento a mi lado y, cuando entras a mí en la comunión, hasta te puedo tocar… Por eso, en este encuentro contigo, te quiero agradecer esa presencia tuya tan cercana, tan intensa, tan gratificante, tan arrolladora. Amén.

la gente sencilla le escuchaba con gusto
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-5-de-junio-de-2026

A aquellos escribas, siempre con el rollo de la ley en la mano, sólo les interesaba la relación que pudiera tener Jesús con David, o los grandes personajes del A.T. Se habían quedado anclados en el pasado y no podían entender que lo mejor faltaba por llegar. Jesús no es grande por su relación con David, sino que David es grande por su relación con Jesús. Por eso le llama: “Mi Señor”. Jesús es grande porque nos habla de Dios-Padre. Nos mete en intimidad con ese Padre, nos hace descubrir su inmensa ternura, y nos hace felices porque podemos hablar con Él diciéndole: Abba [papá]. Jesús nos dice que podemos disfrutar con nuestro Padre Dios como un niño pequeño que juega con su papá, le besa, le abraza, le acaricia y le lleva a pasear. Jesús estaba tan lleno de la ternura del PADRE que esa palabra no caía de sus labios.

También me entusiasma lo que dice de Jesús el evangelio de hoy: la gente sencilla le escuchaba con gusto. En las palabras de Jesús había algo especial que hacía pensar, algo que transportaba a otro mundo maravilloso, el mundo de Dios, tan distinto de nuestro mundo. La gente sencilla “se comía”, se “bebía” las palabras de Jesús. Y se alimentaba de ellas. Por eso se explica que, en el desierto, hasta se olvidaron de comer.

ORACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN 

Postrado a tus pies humildemente,

vengo a pedirte, dulce Jesús mío,

poderte repetir constantemente:

¡Sagrado Corazón, en Ti confío!

 

En las horas más tristes de la vida,

cuando todos me dejen, ¡Oh, Dios mío!,

y el alma esté por penas combatida,

¡Sagrado Corazón, en Ti confío!

 

Si la confianza es prueba de ternura,

esta prueba de amor darte ansío,

aun cuando esté sumido en la amargura,

¡Sagrado Corazón, en Ti confío!

 

En Ti pongo mi vida, mis angustias y mis proyectos, confiado en que tu misericordia nunca me fallará.

Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.