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6-jun.-2026, sábado de la 9.ª semana del T. O.

Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón.

Feliz y radiante amanecer en este prolongado fin de semana que nos quieres regalar señor. Lo primero que tenemos que pensar es esta primera semana que nos has brindado, y en la que hemos podido tener la satisfacción de haber vivido, sirviendo y amando. 

Hoy nos quieres invitar a reflexionar sobre la generosidad callada, y las extravagancias escandalosas. Las arcas de las ofrendas estaban ubicadas en el templo en varias partes; al depositar la moneda y pasar por una especie de trompeta, se emitía un sonido. El sonido que no es el ruido o el humo que muchas veces queremos ofrecer con nuestra vida. Por ello, toca la realidad de una auténtica vivencia de lo religioso: el sonido esencial para los fariseos era que lo escuchara todo el mundo. Y, el sonido silencioso de la viuda que lo escucha Dios.

Los personajes también se sitúan en planos que no tienen casi nada en común. El fariseo, encargado de enseñar la tradición oral y escrita del pueblo judío, después de un proceso de aprendizaje de la ley se les nombraba «maestro», con una determinada vestimenta que los distinguía del resto del pueblo. Vivían desde el legalismo férreo, con un control sobre la vida religiosa y social del pueblo. Tú denunciaste su hipocresía en más de una ocasión. 

El arca de la ofrenda debe sonar a humildad no a hipocresía. La viuda, nos presenta dos requisitos que la sitúan en un plano inferior a los fariseos. Su pobreza la sitúa en un plano inferior a los ricos. Esta mujer presentó su ofrenda y no sonó para nada. El sonido de unas insignificantes monedillas no fue capaz de alzar mucho su eco, y no lo apreciaron los que pasaban por allí. Sin embargo, tu reúnes a tus discípulos y les haces caer en la cuenta de la importancia de la vivencia en la fe. Fiarse por completo de Dios.

El sonido que sale de la trompeta con la ofrenda de la viuda es sublime: «música celestial». Ha echado lo que tenía para vivir. La ofrenda total de la vida. Se ha quedado sin nada. No hay reservas. No se ha guardado nada. No hay seguridades ningunas sobre su futuro. Se queda a la intemperie, sólo para Dios. El resto da de lo que les sobra y para nada exponen su vida.

Y es que el amor siempre nos lleva a un grado mayor, lo que has recibido gratis lo debes dar en plenitud. Ayúdanos, Señor a pensar: ¿hasta dónde llega mi generosidad?, ¿estoy depositando en tu corazón todo lo que tengo para vivir?

Nuestro fin de semana sea generoso para compartir estos dones que tú nos regalas con todos los demás. Bendícenos guárdanos y protégenos. Amén. 

Feliz fin de semana.

Nuestro primer sábado de mes, tradicionalmente trae nuestro rosario de Aurora y la eucaristía que ofreceré por nuestras familias, nuestros hermanos enfermos y las necesidades de cada uno de ustedes. Los abrazos y los bendigo. Un feliz sábado para todos. 

Las palabras de los Papas

La escena se ambienta en el templo de Jerusalén, precisamente en el lugar donde la gente echaba las monedas como limosna. Hay muchos ricos que echan tantas monedas, y una pobre mujer, viuda, que da apenas dos pequeñas monedas. Jesús observa atentamente a esa mujer e indica a los discípulos el fuerte contraste de la escena. Los ricos han dado, con gran ostentación, lo que para ellos era superfluo, mientras que la viuda, con discreción y humildad, ha echado «todo lo que tenía para vivir» (v. 44); por ello —dice Jesús— ella ha dado más que todos. Debido a su extrema pobreza, hubiera podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse con la otra. Pero ella no quiere ir a la mitad con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, lo tiene todo; se siente amada totalmente por Él y, a su vez, lo ama totalmente. ¡Qué bonito ejemplo esa viejecita! Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que el metro para juzgar no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón. Pensad esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud. No es cosa de billetera, sino de corazón. (Francisco - Ángelus, 8 de noviembre de 2015)

Pensad esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud. No es cosa de billetera, sino de corazón
ORACIÓN 

Señor, la oración de este día llama a la puerta de mi generosidad. Hay muchas puertas dentro de mí: la del egoísmo, la de la codicia, la de la vanidad; pero también existe la puerta de la generosidad y es precisamente a esta puerta a la que mi oración se dirige. Y le pido a Dios que esta puerta sea ancha y esté siempre abierta, para que yo sea generoso, espléndido, como aquella viuda pobre.

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-6-de-junio-de-2026

Jesús rechaza los primeros puestos. Si hoy tuviera que elegir entre los de arriba y los de abajo, Jesús siempre se pondría con los de abajo. Si viajara, iría en un autobús, como la gente sencilla. Y si fuera al centro de salud, preguntaría: Por favor, ¿quién es el último? Y se pondría detrás. ¡Nada de privilegios! Jesús se sentó. Siempre que se usa este término en el evangelio, es para decirnos que quiere hablar como maestro. Y aquí la enseñanza que Jesús nos quiere dar no consiste en palabras, sino en un hecho concreto: la limosna de la viuda pobre. Los ojos de la gente están pendientes de aquellos que daban grandes limosnas, incluso aplaudían al que más daba. Nadie se fijó en las dos monedas de aquella mujer que, ante los demás, sentía vergüenza de dar tan poco. ¿Nadie se fijó? Allí, en las dos monedas de la viuda, estaban fijos los ojos de Jesús. La viuda podría haber dado una moneda y guardarse la otra para comprar el pan del día siguiente. Pero entregó todo lo que tenía. No sólo el presente del hoy, sino el futuro del mañana. Por eso las echó en el cepillo de los “holocaustos” Allí se depositaban las limosnas que servían para los sacrificios donde se quemaba todo el animal, sin que quedara nada. La viuda ofrecía su vida como “holocausto a Dios”. No lo que tenía (ya no tenía nada) sino todo lo que era. ¿Qué lección nos dio Jesús con esta imagen? Esta mujer ha ofrecido todo lo que tenía para vivir. Dios no nos pide que demos cositas que nos sobran, sino que nos demos nosotros mismos. Nuestra vida es un don que Dios nos ha dado para entregarlo a los demás.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.