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14-jul.-martes de la 15.ª semana del T. O.

la conversión es una gracia: nadie puede convertirse con sus propias fuerzas. [...] por tanto, hay que pedir a Dios con fuerza, pedirle a Dios que nos convierta Él

En este día te glorificamos y te damos gracias, porque nos invitas a iniciar el camino de esta jornada, nos llenas de esperanza y optimismo y nos inspiras para que realicemos la misión que nos encomiendas: hablar bien, pensar bien y hacer el bien a nuestros hermanos. Danos tu espíritu porque con mucha frecuencia somos ciegos e insensibles a las maravillas que tú haces por nosotros y al amor que nuestros hermanos nos muestran. Abre nuestras mentes y corazones para poder percibir los signos de tu presencia en el bien que tantos hermanos nos hacen a nosotros mismos y a los demás. Danos la gracia de aceptar tus palabras, motivadas sin duda por tu profunda preocupación por aquellos que tú amas. Concédenos una actitud abierta que nos permita ver cómo tú cuidas de nosotros y estás cerca en la vida de cada día. Ayúdanos a responder a tu tierno y bondadoso cuidado y no permitas que nos apartemos de ti. Danos la fortaleza necesaria para emprender con alegría las actividades de este día y que en nuestros corazones llevemos tu presencia y tu misericordia. Amén. 

Un muy productivo martes, llenos de misericordia y fraternidad. Hagamos el bien, sin esperar más recompensa que la celestial.

Las palabras de los Papas

A veces el impulso que sentimos hacia el Señor es demasiado débil y parece casi como si Dios callara; nos parecen lejanas e irreales sus promesas de consolación, (…)  Y entonces sentimos la tentación de decir que es imposible convertirse de verdad. ¿Cuántas veces hemos sentido este desánimo? “¡No, no puedo hacerlo! Lo empiezo un poco y luego vuelvo atrás”. Y esto es malo. Pero es posible, es posible. Cuando tengas esa idea de desanimarte, no te quedes ahí, porque son arenas movedizas: son arenas movedizas: las arenas movedizas de una existencia mediocre. La mediocridad es esto. ¿Qué se puede hacer en estos casos, cuando quisieras seguir, pero sientes que no puedes? En primer lugar, recordar que la conversión es una gracia: nadie puede convertirse con sus propias fuerzas. Es una gracia que te da el Señor, y que, por tanto, hay que pedir a Dios con fuerza, pedirle a Dios que nos convierta Él, que verdaderamente podamos convertirnos, en la medida en que nos abrimos a la belleza, la bondad, la ternura de Dios. Pensad en la ternura de Dios. Dios no es un padre terrible, un padre malo, no. Es tierno, nos ama tanto, como el Buen Pastor, que busca la última de su rebaño. Es amor, y la conversión es esto: una gracia de Dios. Tú empieza a caminar, porque es Él quien te mueve a caminar, y verás cómo llega. Reza, camina y siempre darás un paso adelante. (papa Francisco, Ángelus del 6 de diciembre de 2020)

A veces el impulso que sentimos hacia el Señor es demasiado débil y parece casi como si Dios callara
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-14-de-julio-de-2026

Lo más probable es que estas palabras tan duras, puestas por el evangelista en boca de Jesús, no fueran nunca pronunciadas por Él, y reflejarían la situación que estaba viviendo la comunidad de Mateo cuando se redactó este texto. De hecho, nunca dicen los evangelistas que Jesús hiciera milagros en Corozaín y Betsaida. Y en cuanto a Cafarnaúm sabemos que allí Jesús tuvo tan buena acogida que el mismo Mateo llama a Cafarnaúm “la ciudad de Jesús” (Mt. 9,1). Con todo, el texto refleja la poca acogida que, en alguna ocasión, tuvieron sus palabras, cuando invitaba a una boda o una fiesta. No captaron el gozo profundo de las parábolas de Jesús ni la alegría que comportaba el entrar en su Reino. Este comportamiento sí que debió dolerle fuertemente a Jesús. Llevaba un programa maravilloso de amor, paz, alegría, libertad. Pero los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron” (Jn. 1,11). Y esa tristeza se la causamos a Jesús cada día que nos invita a disfrutar de la vida en plenitud, y nosotros preferimos nuestros gustos y caprichos. Pero nuestra miopía no hace miope a Jesús; ni nuestra mezquindad afecta a su grandeza y generosidad; ni nuestra ingratitud, a su inmenso amor y su fidelidad.

El Papa León XIV compartió una reflexión sobre la importancia de la gratitud como virtud esencial en la vida cristiana y en la convivencia humana. Según el Pontífice, la ingratitud no es un hecho aislado ni una simple falta de reconocimiento, sino una “ceguera del alma” que impide valorar los gestos de amor, apoyo y solidaridad. El Papa enfatizó que la gratitud abre el corazón a las bendiciones divinas, mientras que la indiferencia y el desprecio por lo pequeño cierran las puertas a lo que Dios quiere conceder. (30-septiembre-2025).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.