Pasar al contenido principal

13-jul.-lunes de la 15.ª semana del T. O.

Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses.

Iniciamos una nueva semana puestos en tus manos, Señor, y lo hacemos en un día más de descanso que nos da la oportunidad de poder descansar, pero pensando en tus palabras:  Señor, nos diriges hoy palabras incómodas. No has venido a traer paz sino guerra. ¡Qué extraño suena esto en los divinos labios del Príncipe de la paz! Pero son palabras tuyas, dirigidas a quienes querían y queremos seguir tus pasos. Ciertamente no es extraño que tu seguimiento ocasione separación entre las personas, cuando la fidelidad a tu mensaje encuentra oposición entre los nuestros. Cierto, también, que no es una invitación a la discordia sin más, pero sí a la fidelidad. Lo hemos oído muchas veces: ser discípulo tiene un precio. Cómo pagar ese precio es tarea para todo el que quiera serte fiel.

Tu seguimiento no puede encontrar impedimento, aunque provoque sufrimiento y hasta ocasione rupturas. No es extraño que todo ello traiga consigo malentendidos, incomprensiones, rechazos. El discípulo no puede llevar una vida distinta a la tuya como maestro y el primero que cargó con la cruz fuiste Tú. En la escala de valores del discípulo, no pueden darse razones ajenas a tu palabra. A veces el dolor pasa por nuestra vida. No es definidor de una vida, pero en él puede haber algo de verdad. Algún autor decía: “El dolor no es el lugar de nuestros deseos sino el de nuestra verdad”. Amén. 

El Señor nos bendiga, nos guarde y nos proteja siempre y un muy feliz lunes de descanso. 

Palabra del Papa

Mantenemos la mirada fija en Jesús… Es Él el único mediador de esta relación entre nosotros y nuestro Padre que está en el cielo. Jesús es el Hijo, y nosotros somos hijos en Él […] Por esto Jesús dice: he venido a traer división; no es que Jesús quiera dividir a los hombres entre sí, al contrario: Jesús es nuestra paz, nuestra reconciliación. Pero esta paz no es la paz de los sepulcros, no es neutralidad, Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio. Seguir a Jesús comporta renunciar al mal, al egoísmo y elegir el bien, la verdad, la justicia, incluso cuando esto requiere sacrificio y renuncia a los propios intereses. Y esto sí, divide; lo sabemos, divide incluso las relaciones más cercanas. Pero atención: no es Jesús quien divide. Él pone el criterio: vivir para sí mismos, o vivir para Dios y para los demás; hacerse servir, o servir; obedecer al propio yo, u obedecer a Dios. He aquí en qué sentido Jesús es “signo de contradicción” (Francisco, Ángelus 18 de agosto de 2013).

Jesús no trae neutralidad, esta paz no es una componenda a cualquier precio
ORACIÓN 

Señor, yo te quiero agradecer en este rato de oración la luz que arroja este evangelio sobre mí. No quieres falsas paces, sino la “verdadera paz”. No quieres falsos amores, sino el “verdadero amor”. No quieres falsas felicidades, sino la “verdadera felicidad”. No quieres que haga muchas cosas y yo descuide mi persona. Tú deseas que “me haga a mí mismo”, es decir, me cambie, me transforme, me realice. Dame tu gracia porque “sin Ti no puedo hacer nada”. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-13-de-julio-de-2026

Para entender este evangelio hay que mantener, por encima de todo, que Dios sólo quiere nuestro bien, nuestra felicidad. Y Jesús sabe que la verdadera felicidad sólo viene del verdadero amor. Nadie puede ser feliz sin amar y ser amado. Pero también sabe Jesús que, en el amor humano, se puede meter el gusano del egoísmo que mata el verdadero amor. Al encarnarse Dios en la persona de Jesús, nos ha traído no un amor cualquiera sino el amor auténtico, el verdadero amor. Este amor-divino se ha encarnado en el amor humano y lo ha hecho uno. Por eso ha elevado el amor humano y lo ha despojado de todo egoísmo. Cuando sólo nos amamos con un amor humano, poco nos amamos. Cuando nos amamos con ese amor divino traído por Jesús, nuestro amor llega a plenitud. Entonces estamos capacitados para ser felices, plenamente felices. A todos interesa este amor. Si los esposos se amaran con este amor…Si los hijos, si los amigos, si los padres…se amaran con este amor, todos seríamos felices. Por eso dice Jesús que no es lo mismo dar un vaso de agua que dar un vaso de “agua fresca”. A nadie se le ocurre invitar a tomar “cerveza caliente”. Provoca nauseas. Y eso le pasa a Dios cuando le damos un amor pequeño, limitado, egoísta. Nuestro pequeño y limitado amor humano (Ap. 3, 16).

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.