Domingo dedicado a ti, Señor, para darte gracias por todo lo que nos has conseguido durante esta semana que vamos terminando; ahora en nuestro día de descanso te pedimos que sigas siendo compañía y nos muestres el camino de amor, servicio y entrega.
Señor, reflexionando en tu palabra, encontramos que hay formas sutiles y refinadas de tratar de poner a prueba y desacreditar a quienes ponen su confianza en Dios. «Oía la acusación de la gente: “vamos a delatarlo”». «Mis amigos acechaban mi traspié: A ver si, engañado, lo sometemos y podemos vengarnos de él».
Ante esas situaciones, los impulsos de venganza o de confrontación no significan solución ninguna, más bien complican. Jeremías nos enseña: «Pero el Señor es mi fuerte defensor… ¡te he encomendado mi causa!». Confiar en Dios no es desentenderse ni quedarse de brazos cruzados, es creer firmemente que solo con los valores que nos predicaste podremos construir una vida que engendre Reino de Dios… y ponernos a la tarea que nos encomiendas. Tú nos lo pides hoy hasta tres veces:
En la primera —«nada hay encubierto que no llegue a descubrirse»— nos pides que hablemos a plena luz y pregonemos desde las azoteas. Iniciamos nuestra hora del anuncio del Reino De Dios, la hora de una comunidad en salida sin miedos ni complejos.
En la segunda —«temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo»— nos llamas a no tener miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
En la tercera —«valéis más vosotros que muchos gorriones”— explicas que ni uno de ellos cae al suelo sin que lo disponga el Padre celestial. En nuestra misión, ya no caben posturas pasivas ni indiferentes; todos hacemos camino juntos.
Ayúdanos a que seamos sal, luz y sabor en un mundo que necesita que hable de Ti, en pleno día y desde las azoteas. Tenemos que hacer una opción clara por Ti, y confiar en que Tú darás la cara por nosotros si la damos por Ti; pedirte la valentía para vivir los valores del Evangelio, aunque nos acarree incomprensiones. ¿Cabe que me avergüence de ser discípulo tuyo o de parecerlo? ¿Acaso me quiero arriesgar a que te avergüences de mí?
Bendícenos, guárdanos y protégenos en tu amor y en tu bondad. Que este domingo sea día para que conscientemente definamos nuestro futuro y la forma de obrar en estas elecciones. Feliz y esperanzado domingo.
