El amor es el don más grande que nos has regalado y por amor nos llamas a la vida. Gracias te damos por todo lo que de ti recibimos y lo redimimos amando a nuestros hermanos. Gracias por este nuevo día que se inicia para nosotros y lo tomaremos en descanso corporal mas no espiritual: Señor Dios, Padre nuestro, Te preocupas de los pájaros del cielo y les dejas encontrar alimento en el tiempo oportuno. Tú vistes a las flores en el campo con lindos colores y suave fragancia. Entonces, ¿por qué inquietarnos?
Te damos gracias por el don de la vida, por amarnos y preocuparte por nosotros gratuita y generosamente. Guárdanos firmemente en tus manos de Padre misericordioso. Te ofrecemos nuestra vida, nuestros afanes y esfuerzos, nuestros anhelos e inquietudes. Acéptalos como detalle de nuestra gratitud y de nuestra infinita confianza en ti. No permitas que nos apartemos de ti, a causa de nuestras debilidades y danos el don de la fortaleza para cumplir tu voluntad. Permite que hoy pensemos si nos estamos haciendo esclavos de lo pasajero, de los bienes que no son necesarios y que debemos usar en su medida justa. Vivir agobiados por esos deseos es perdernos lo mejor de la vida, que es el encuentro gozoso con los hermanos, con la familia, saber amar y servir, porque eso da felicidad. Todo lo demás será negativo, porque aquellos que buscan sólo el poder, las riquezas, viven siempre amenazados, tienen miedo. Los que se entregan únicamente a lo material, no conocen la paz ni el descanso, no conocen el gozo de dar la mano al hermano y compartir las esperanzas y las alegrías, y también los dolores y las penas, con los que los rodean. Viven siempre solos y atemorizados. No conocen la verdadera amistad porque desconfían de todos. No vale la pena vivir así. Hoy sea la ocasión para darte gracias por lo poco o mucho que tenemos, pero ante todo por darnos la ocasión de tener la mayor Alegría de poder servir y amar, y buscar el Reino de Dios, porque «todo lo demás se os dará por añadidura», nos dices tú. Gracias, Señor. Nuestra Madre nos acompañe y en su Santo Regazo nos proteja. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Feliz fin de semana.
Palabra del papa Francisco
¡Qué hermoso es esto! ¡Dios no se olvida de nosotros! ¡De ninguno de nosotros! Con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. ¡Qué hermoso pensamiento! Esta invitación a la confianza en Dios encuentra un paralelismo en la página del Evangelio de Mateo: «Mirad las aves del cielo —dice Jesús—: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. (…) Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos».
Pensando en tantas personas que viven en condiciones de precariedad, o incluso en la miseria que ofende su dignidad, estas palabras de Jesús podrían parecer abstractas, si no ilusorias. ¡Pero en realidad son más que nunca actuales! Nos recuerdan que no se puede servir a dos amos: Dios y la riqueza. Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Tenemos que oír bien esto. Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Si en cambio, confiando en la providencia de Dios, buscamos juntos su Reino, entonces a nadie le faltará lo necesario para vivir dignamente.
Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón lleno de esta furia de poseer, pero vacío de Dios. Por eso Jesús ha advertido varias veces a los ricos, porque en ellos es fuerte el riesgo de colocar la propia seguridad en los bienes de este mundo. En un corazón poseído por las riquezas, no hay más espacio para la fe. (S.S. Francisco, ángelus del 2 de marzo de 2014)
