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20-jun.-2026, sábado de la 11.ª semana del T. O.

Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Si en cambio... buscamos juntos su Reino, entonces a nadie le faltará lo necesario para vivir dignamente.

El amor es el don más grande que nos has regalado y por amor nos llamas a la vida. Gracias te damos por todo lo que de ti recibimos y lo redimimos amando a nuestros hermanos. Gracias por este nuevo día que se inicia para nosotros y lo tomaremos en descanso corporal mas no espiritual: Señor Dios, Padre nuestro, Te preocupas de los pájaros del cielo y les dejas encontrar alimento en el tiempo oportuno. Tú vistes a las flores en el campo con lindos colores y suave fragancia. Entonces, ¿por qué inquietarnos?

Te damos gracias por el don de la vida, por amarnos y preocuparte por nosotros gratuita y generosamente. Guárdanos firmemente en tus manos de Padre misericordioso. Te ofrecemos nuestra vida, nuestros afanes y esfuerzos, nuestros anhelos e inquietudes. Acéptalos como detalle de nuestra gratitud y de nuestra infinita confianza en ti. No permitas que nos apartemos de ti, a causa de nuestras debilidades y danos el don de la fortaleza para cumplir tu voluntad. Permite que hoy pensemos si nos estamos haciendo esclavos de lo pasajero, de los bienes que no son necesarios y que debemos usar en su medida justa. Vivir agobiados por esos deseos es perdernos lo mejor de la vida, que es el encuentro gozoso con los hermanos, con la familia, saber amar y servir, porque eso da felicidad. Todo lo demás será negativo, porque aquellos que buscan sólo el poder, las riquezas, viven siempre amenazados, tienen miedo. Los que se entregan únicamente a lo material, no conocen la paz ni el descanso, no conocen el gozo de dar la mano al hermano y compartir las esperanzas y las alegrías, y también los dolores y las penas, con los que los rodean. Viven siempre solos y atemorizados. No conocen la verdadera amistad porque desconfían de todos. No vale la pena vivir así. Hoy sea la ocasión para darte gracias por lo poco o mucho que tenemos, pero ante todo por darnos la ocasión de tener la mayor Alegría de poder servir y amar, y buscar el Reino de Dios, porque «todo lo demás se os dará por añadidura», nos dices tú. Gracias, Señor. Nuestra Madre nos acompañe y en su Santo Regazo nos proteja. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Amén. 

Feliz fin de semana. 

Palabra del papa Francisco

¡Qué hermoso es esto! ¡Dios no se olvida de nosotros! ¡De ninguno de nosotros! Con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. ¡Qué hermoso pensamiento! Esta invitación a la confianza en Dios encuentra un paralelismo en la página del Evangelio de Mateo: «Mirad las aves del cielo —dice Jesús—: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. (…) Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos».

Pensando en tantas personas que viven en condiciones de precariedad, o incluso en la miseria que ofende su dignidad, estas palabras de Jesús podrían parecer abstractas, si no ilusorias. ¡Pero en realidad son más que nunca actuales! Nos recuerdan que no se puede servir a dos amos: Dios y la riqueza. Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Tenemos que oír bien esto. Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Si en cambio, confiando en la providencia de Dios, buscamos juntos su Reino, entonces a nadie le faltará lo necesario para vivir dignamente.

Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón lleno de esta furia de poseer, pero vacío de Dios. Por eso Jesús ha advertido varias veces a los ricos, porque en ellos es fuerte el riesgo de colocar la propia seguridad en los bienes de este mundo. En un corazón poseído por las riquezas, no hay más espacio para la fe. (S.S. Francisco, ángelus del 2 de marzo de 2014)

Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón lleno de esta furia de poseer, pero vacío de Dios.
ORACIÓN 

Sí, Señor, tienes razón. No se puede servir a dos amos. Servir al dinero es esclavizarse, es despersonalizarse, es dejarse avasallar por un amo cruel que no le deja a uno decidirse por Jesús. El dinero en sí puede convertirse en un medio útil para sacar adelante la familia y hasta hacer limosnas. Lo malo no es usar del dinero sino dejarse esclavizar por el dinero, de manera que sea como un Dios al que hay que servir. “Engarza en oro las alas de un pájaro y ya no podrá volar al cielo”. (R. Tagore).  Yo, Señor, quiero disfrutar como el pájaro, de los anchos cielos y respirar el aire puro de libertad. Por eso necesito no ser esclavo del dinero. Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-20-de-junio-2026 

El Señor nos invita a tener una mirada contemplativa de la creación. ¡Mirad los lirios del campo!  Son una verdadera maravilla. Nuestra vista se recrea con sus colores tan bellos y nuestro cuerpo con sus perfumes tan exquisitos. Y todo como regalo del Padre. Porque ¿Cómo crecen los lirios? No necesitan la presencia de un campesino que tire de ellos sino sólo la presencia silenciosa del Padre que, en el momento oportuno, envía el sol, el aire, y la lluvia, es decir, sus caricias de Padre.  Y si Jesús recrea su vista en la contemplación de la Naturaleza, ¿cómo no va a contemplar la obra suprema de la naturaleza, que es el hombre? Jesús se recrea y se extasía ante un hombre libre, que no está dividido por dentro con fuerzas extrañas que le esclavizan y no le dejan ser persona. Jesús goza contemplando a una persona que ha puesto todo su corazón en Dios, su Dueño y Señor. Mientras vivimos no debemos ser egoístas, pensando sólo en nosotros mismos. Pensemos en Dios, nuestro Padre Bueno, que ha creado todo por amor. Pensemos en alabarle, bendecirle, agradarle. Caigamos en la cuenta de lo maravilloso que debe ser una vida entregada a Dios y a los hermanos, sin pensar en otra recompensa que el agradar a DIOS en todo.

Lo que no contenta a Dios es nada Todo es nada y menos que nada lo que se acaba y no contenta a Dios. Santa Teresa. Vida 20.26

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.