
El Año de Publicación 96 de La Iglesia, correspondiente a enero-diciembre de 2002, números 1-12, constituye un volumen de especial interés para la historia eclesiástica y territorial de Bogotá, pues combina la actividad pastoral del cardenal Pedro Rubiano Sáenz con una extensa documentación sobre la reorganización parroquial y la transformación de la jurisdicción arquidiocesana. La portada está dedicada a Francisco Antonio de la Riva Mazo, decimonoveno arzobispo de Santafé de Bogotá, cuya trayectoria histórica abre el volumen, mientras que las secciones de noticias registran los principales acontecimientos del año: el pronunciamiento del arzobispo ante los hechos de terrorismo, las exequias de monseñor Isaías Duarte Cancino, la exhortación vocacional, la celebración de la beatificación del salesiano Luis Variara, las acciones de la Arquidiócesis en favor de los desplazados, la carta de Rubiano a los candidatos presidenciales y el centenario de la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, cuya conmemoración incluyó la renovación de la consagración y diversos actos religiosos. El volumen registra también la celebración del X Congreso Nacional Misionero, mensajes de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal y las orientaciones del episcopado frente a la situación nacional. En la documentación histórica sobresale, además, el estudio de la división territorial de la Arquidiócesis de Bogotá en 1952, que reconstruye su extensión original desde la erección de 1564 y las sucesivas desmembraciones de Mérida, Antioquia, Nueva Pamplona, Tunja y otras diócesis, ofreciendo una perspectiva documental sobre la transformación histórica de la jurisdicción capitalina. En la sección institucional, los decretos muestran la intensidad de la administración arquidiocesana: se suceden provisiones de oficios, nombramientos de vicarios episcopales y judiciales, actuaciones del Tribunal Eclesiástico, incardinaciones, admisiones a las órdenes sagradas, erecciones canónicas, fundaciones y creación de oficinas, mientras que la reorganización de los arciprestazgos se vincula explícitamente con el crecimiento urbano, el surgimiento de nuevas parroquias y el aumento de las necesidades pastorales. El Decreto n.º 819, del 21 de enero de 2002, erige la parroquia San Valentín de Berriochoa, segregada de Santa María Madre de Jesús, en la Zona Pastoral Episcopal Territorial de San José, y fija minuciosamente sus límites; posteriormente se modifican también los límites de la parroquia matriz. El mismo conjunto documental registra la reordenación de los Arciprestazgos 6.5 y 6.6 y la creación del 6.7, justificadas expresamente por el desarrollo urbano, el crecimiento de las necesidades pastorales y la creación de nuevas parroquias. Más adelante se documenta la modificación de los límites de Santiago Apóstol y Nuestra Señora de Fontibón, tomando como referencias la avenida Boyacá, la avenida del Ferrocarril de Occidente, la carrera 106 y la avenida Centenario, lo que convierte estos decretos en auténticos testimonios cartográficos y jurídicos de la expansión urbana. En el segundo semestre aparecen nuevas erecciones parroquiales, entre ellas Nuestra Señora de los Andes, segregada de Apóstol San Mateo; San Juan Diego, segregada de San Juan Bosco; y San Calixto Caravario, también segregada de San Juan Bosco, junto con nuevas delimitaciones que llegan hasta los límites del Distrito Capital con La Calera, Sopó y Chía, evidencia precisa del modo en que la jurisdicción eclesiástica se acomodaba al crecimiento de la periferia norte de Bogotá. A ello se suma el cambio de nombre de Parroquia Pentecostés por Santa María de Pentecostés, la autorización de nuevas casas religiosas —entre ellas las de los Heraldos del Evangelio y las Hermanas Filipenses—, la creación de la oficina de medios de comunicación social y los estatutos de la Fundación de Atención al Migrante (FAMIG) y de la Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC). El volumen termina configurándose como un registro particularmente denso de la arquitectura administrativa, territorial, pastoral y documental de la Arquidiócesis de Bogotá al comenzar el siglo XXI, donde cada decreto deja constancia de una ciudad que crecía y, con ella, de una jurisdicción que debía redefinir continuamente sus límites, parroquias, arciprestazgos y formas de atención pastoral.

