
El Año de Publicación 93 de La Iglesia, correspondiente a enero-diciembre de 1999, números 1-12, constituye un volumen especialmente importante porque recoge el paso de las conclusiones del Sexto Sínodo de la Arquidiócesis de Bogotá a su aplicación mediante el Plan Global de Pastoral 1999-2008, promulgado por el arzobispo Pedro Rubiano Sáenz el 4 de agosto de 1999. La publicación presenta el Plan como fruto del Sínodo clausurado el 17 de mayo de 1998 y lo estructura a partir de una lectura sinodal de Bogotá y de su región metropolitana, utilizando la parábola del Buen Samaritano como horizonte espiritual y pastoral; plantea como prioridades la evangelización de cada persona y cada generación, la creación de comunidades eclesiales capaces de recomponer el tejido social y una organización pastoral articulada entre zonas, arciprestazgos, parroquias y organismos especializados. La documentación precisa que la Arquidiócesis estaba entonces organizada en 50 arciprestazgos, bajo la responsabilidad de obispos auxiliares y vicarios episcopales con facultades específicas para desarrollar el Plan. El contexto nacional ocupa también un espacio considerable: La Iglesia registra pronunciamientos de Rubiano sobre la violencia, el secuestro, la injusticia, la corrupción y la situación social, así como la solidaridad de la Arquidiócesis con las Iglesias de Armenia y Pereira después de la tragedia ocurrida en el Eje Cafetero y diversas acciones de ayuda desde Bogotá. En el plano institucional sobresalen la celebración de los 150 años de El Catolicismo, con artículos históricos sobre sus distintas etapas, su primer editorial, su transformación de quincenario a semanario y su relación con la historia de la Iglesia y del país; también se conmemoran los cincuenta años de la parroquia de San Juan Bosco, de las Hermanas Misioneras de la Consolata y el centenario del Concilio Plenario de la América Latina. Para la historia territorial de Bogotá, el conjunto de decretos resulta particularmente valioso. Durante el año se documentan las erecciones de Nuestra Señora de Copacabana, Nuestra Señora de la Reconciliación, Beato Juan Bautista Scalabrini, Cristo Luz de las Gentes, Nuestra Señora de la Purísima Concepción, San Pablo Miki, Jesús Siervo de Yahvéh, María Madre del Redentor de Casablanca, De las Bienaventuranzas, Del Divino Niño Jesús de Soacha, San José de Soacha y Todos los Ángeles, junto con modificaciones de límites de parroquias preexistentes. Los decretos muestran con precisión el crecimiento de sectores como Fontibón, Suba, Bolivia y Ciudadela Sucre, estableciendo barrios, vías, ríos, límites municipales y terrenos que integraban cada nueva jurisdicción; por ejemplo, San Pablo Miki fue segregada de Nuestra Señora de Fontibón y comprendió barrios como La Perla, Jericó, Bohíos y Puente Grande, mientras Nuestra Señora de la Purísima Concepción fue segregada de El Santo Cristo en el sector de Villa Liliana. También aparecen la incardinación del presbítero Luis Eduardo Torres Ojeda, la reorganización de oficios pastorales, nuevos delegados, coordinadores, capellanes y responsables de organismos arquidiocesanos, así como la concesión de personería jurídica al Consejo de Laicos de la Arquidiócesis de Bogotá y disposiciones para el Tribunal Eclesiástico. El volumen cierra el año documentando el despliegue del nuevo esquema pastoral: los delegados de los distintos ámbitos del Plan Global, la coordinación de la educación religiosa escolar y nuevos nombramientos para las parroquias recientemente erigidas. Así, 1999 representa documentalmente el momento en que el Sínodo deja de ser solamente un proceso de discernimiento y se convierte en una estructura concreta de gobierno, planificación pastoral y reorganización territorial de la Arquidiócesis de Bogotá.

