
El Año LXXXIX de La Iglesia, correspondiente a enero-diciembre de 1995, números 1-12, constituye un volumen excepcional dentro de la serie por registrar el cambio de gobierno de la Arquidiócesis de Bogotá, desde el final del episcopado del cardenal Mario Revollo Bravo, pasando por la administración apostólica de monseñor Enrique Sarmiento Angulo, hasta la llegada y posesión canónica de monseñor Pedro Rubiano Sáenz como nuevo arzobispo de Bogotá. La propia estructura del volumen está organizada alrededor de este relevo: publica el comunicado de la Cancillería sobre la aceptación de la renuncia de Revollo, la carta del cardenal Bernardin Gantin en reconocimiento de su ministerio, la Bula de nombramiento de Pedro Rubiano, su semblanza, su mensaje al clero y, finalmente, el acta de posesión, las palabras de Sarmiento, la homilía del nuevo arzobispo y la alocución del nuncio Paolo Romeo. La documentación histórica incorpora además un amplio estudio sobre el arzobispo Francisco de Cossio y Otero (1706-1714), reconstruyendo episodios de su gobierno, la vida religiosa de Santafé, la situación del clero, la ermita y devoción de Nuestra Señora de la Peña y otros acontecimientos de la Iglesia colonial, lo que convierte al volumen en una pieza de interés no solo administrativo sino también historiográfico. En la etapa de Pedro Rubiano adquiere particular fuerza la preocupación por la realidad urbana de Bogotá: en su homilía de posesión identifica el crecimiento de la ciudad, los cambios culturales y la carencia de agentes evangelizadores como desafíos pastorales y plantea consolidar las Vicarías Episcopales como zonas territoriales confiadas a los obispos auxiliares para acercar la acción pastoral a los fieles. Para la historia institucional y territorial de la Arquidiócesis, el volumen resulta especialmente rico por la extensa serie de decretos de provisión de oficios, nombramientos de vicarios generales, vicarios episcopales, vicario judicial, canciller, superiores del Seminario, párrocos, administradores, vicarios parroquiales, capellanes y otros responsables; también registra disposiciones sobre el Consejo Presbiteral, estatutos de instituciones, la Catedral y su Cabildo, y la organización de diversos servicios pastorales. Entre las disposiciones territoriales destacan las erecciones de parroquias y diversas modificaciones de límites, además de la reorganización de responsabilidades pastorales en las distintas vicarías; los decretos de diciembre incorporan nuevas parroquias como Nuestra Señora de las Misericordias, Fómeque, Santiago Apóstol, San Gabriel Arcángel, El Santo Cristo, San Sebastián y San León Magno, evidenciando la continua expansión y ajuste de la estructura parroquial. El volumen conserva asimismo documentación de notable interés para la memoria religiosa de Bogotá: la introducción de la causa de canonización del siervo de Dios Rafael Manuel Almansa Riaño, la creación de una comisión de especialistas en Historia y Archivística para estudiar sus documentos y la constitución del tribunal encargado de instruir su causa. A ello se suman disposiciones sobre la excomunión de los asesinos del padre José Juvencio Junco C.R.S., la aplicación del decreto sobre misas colectivas, el arancel eclesiástico, la formación permanente del clero, la participación de los laicos y noticias sobre la vida pastoral de la Arquidiócesis. El volumen cierra, además, con la muerte del cardenal Mario Revollo el 3 de noviembre de 1995, los jubileos sacerdotales y la ordenación de nuevos presbíteros para Bogotá, dejando registrado el paso entre dos etapas del gobierno arquidiocesano y una importante fase de renovación de su estructura pastoral y territorial.

