
El Año LXXXVIII de La Iglesia, correspondiente a julio-diciembre de 1993, números 1.228-1.233, presenta una particularidad documental que conviene conservar: este segundo semestre fue publicado nuevamente años después, y la edición explica que, tras el fallecimiento de su director, el presbítero Guillermo Umaña Díaz, la revista debió interrumpirse temporalmente; al retomarse, se decidió que La Iglesia se concentraría principalmente en los asuntos propios de la Arquidiócesis de Bogotá, incorporando de la Santa Sede y de otras instancias solamente aquello relacionado directamente con la jurisdicción arquidiocesana. El volumen se abre con una sección histórica dedicada al arzobispo Antonio Sanz Lozano (1681-1688), décimo arzobispo de Bogotá, donde se reconstruyen episodios de su gobierno, sus disposiciones sobre disciplina del clero, culto doméstico, relaciones con la Real Audiencia, la consagración de Gregorio Jaimes y Pastrana como obispo de Santa Marta, la devoción a Nuestra Señora de la Peña, la fundación del convento e iglesia de La Candelaria y su visita pastoral al norte de la Arquidiócesis, culminada con su muerte en Tunja en 1688. En los actos del cardenal Mario Revollo Bravo sobresalen la renovación de la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, realizada el 18 de junio de 1993 en la Catedral Primada con presencia del presidente César Gaviria, y la homilía con ocasión de los 25 años del Congreso Eucarístico Internacional. También aparece el mensaje arquidiocesano “La paz de Colombia en tus manos”, del 8 de septiembre de 1993, que convoca a sacerdotes, religiosos y fieles a una campaña de oración y Rosario en familia frente a la violencia que afectaba tanto los sectores urbanos como rurales. Tiene especial valor la documentación de las Bodas de Oro sacerdotales del cardenal Revollo, celebradas en 1993, que incluye una carta autógrafa de Juan Pablo II, la homilía del nuncio Paolo Romeo, testimonios sobre su vida sacerdotal, la iniciativa de construir un Hogar de Paso para personas desplazadas y en situación de vulnerabilidad, y el otorgamiento de la Cruz de Boyacá por parte del presidente de la República. Pero el núcleo más importante para la historia institucional de Bogotá está en la extensa sección de decretos: se documentan provisiones de oficios eclesiásticos, aceptación de renuncias, incardinaciones y numerosos nombramientos de párrocos, administradores, arciprestes, vicarios parroquiales, capellanes, rectores de iglesias y sacerdotes adscritos. Entre las disposiciones destaca el Decreto n.º 485, que acepta la renuncia del párroco de Santo Tomás de Villanueva y reorganiza simultáneamente varios oficios en las vicarías de la Sagrada Eucaristía, Cristo Sacerdote y Santísima Trinidad; y el Decreto n.º 500, que incluye la erección de la parroquia de San Ezequiel Moreno, junto con disposiciones sobre constituciones religiosas y juntas directivas. La parte final registra una amplia movilidad territorial del clero: traslados entre parroquias como Nuestra Señora de la Consolata, Nuestra Señora del Monte Carmelo, la Visitación, Fómeque, San Esteban Protomártir, Santísimo Redentor, Nuestra Señora de la Peña y Chipaque, además de la atención de parroquias administradas in solidum. Así, este volumen resulta especialmente valioso como registro de la estructura parroquial y administrativa de la Arquidiócesis de Bogotá en 1993, al conservar en forma seriada los actos mediante los cuales se asignaban parroquias, se reorganizaban responsabilidades pastorales y se documentaba la continua transformación de la jurisdicción eclesiástica.

