Novena de Pentecostés: Ven, Espiritu Santo y renueva la faz de la tierra
Entonamos esta Novena al Espíritu Santo, la más antigua y sentida de la Iglesia, con el corazón puesto en nuestra patria. En estos tiempos en los que la división y el dolor a menudo oscurecen la vida de los colombianos, nos unimos como comunidad de fieles para clamar al «Dulce Huésped del Alma» que descienda sobre nuestra tierra con su luz divina.
Durante nueve días, no pediremos dones materiales, sino los siete sagrados dones necesarios para sanar el tejido social de nuestro país: el don de Consejo para nuestros líderes, Sabiduría para encontrar caminos de diálogo, y Fortaleza para mantener la esperanza. Imploraremos al Paráclito que sea tregua en el trabajo, descanso en el esfuerzo y consuelo en el duelo, transformando el hielo de la indiferencia en abrigo de fraternidad.
Que esta novena, inspirada en la espera de los apóstoles con María en el Cenáculo, sea impulso para sembrar la concordia y arrancar la violencia de nuestros corazones. Pedimos, como constructores de paz, que la unción del Espíritu Santo nos permita ver en el adversario a un hermano a quien se da la mano, renovando así la faz de Colombia y estableciendo el Reino de justicia y amor que todos anhelamos en nuestros campos y ciudades. ¡Ven, Espíritu Santo, y danos la paz que solo tú puedes otorgar!
Esta novena propone a todos, los hombres y mujeres de buena voluntad en Colombia, contemplar cómo el Espíritu Santo actúa en medio de nuestra historia, especialmente en tiempos difíciles de decisiones colectivas, aunque marchemos bajo el peso del miedo y la incertidumbre. También esta novena nos anima a poner la confianza en la asistencia del Espíritu que disipa las tinieblas del error y a pedir de manera insistente la paz, el entendimiento y la concordia entre todos los hermanos de este país.
