En este penúltimo día de mes, alabamos y bendecimos tu Santo Nombre porque nos llamas a la luz que disipa las tinieblas. Gracias por nuestro descanso, ahora nos levantamos con nuevas esperanzas a iniciar nuestra cotidianidad de fin de semana según tu voluntad. Permite que nuestro corazón y sentimientos sean de bondad y amabilidad, de disponibilidad y generosidad.
Sabemos que Tú eres la fuente de toda sabiduría, por eso te pedimos que abras nuestros corazones a tu palabra para que aprendamos a mirar con tus ojos a nuestros hermanos y para que tu sabiduría nos guíe en todo lo que hacemos. Tú, Señor, con esta palabra nos haces una invitación a entrar en lo más hondo de nosotros, a distinguir, a discernir lo que nos lleva a la verdad y lo que nos aparta de ella; a encontrarnos contigo y aprender a verte en todo y en todos; a tomar decisiones sabias, sin miedos, sin titubear; a no ser no ser como los fariseos, que tenían miedo a dar su respuesta.
Danos la posibilidad de descubrir en nuestros corazones las respuestas a tus preguntas y a creer en tu verdad. Hoy Nuestra Madre Santísima nos ayude. Gracias, Señor, por esta palabra que también nos habla de autoridad. No una autoridad de fuerza o de violencia, sino la autoridad que nace en el corazón; la autoridad del servicio, la entrega y la disponibilidad. Gracias, señor, por darnos inteligencia y sabiduría para saber discernir el camino que hemos de seguir.
Feliz y santificado fin de semana. Abramos el corazón a nuestra conciencia para prepararnos mañana a esta jornada electoral y recordemos que elegimos a nuestros dirigentes mirando desde el corazón toda su personalidad y su forma de actuar, de llevar y ejercer la autoridad, según la voluntad del Padre celestial. Lo abrazo y los bendigo feliz y santo sábado.
Palabra del Papa
“Jesús nos hace misericordiosos hacia la gente, mientras quien tiene el corazón débil porque no está fundado en Jesucristo corre el riesgo de ser rígido en la disciplina exterior, pero hipócrita y oportunista dentro. El Evangelio del día, en el que los jefes de los sacerdotes preguntan a Jesús con qué autoridad hace sus obras, la pregunta demuestra el corazón hipócrita de esta gente. A ellos no les interesaba la verdad, buscaban solo sus intereses e iban según el viento: conviene ir por aquí, conviene ir por allí… eran veletas. Tenían un corazón sin consistencia. Y así negociaban todo: negociaban la libertad interior, negociaban la fe, negociaban la patria, todo, menos las apariencias. A ellos les importaba salir bien en las situaciones. […] Este es el drama de la hipocresía de esta gente. Y Jesús no negociaba, pero su corazón de Hijo del Padre estaba muy abierto a la gente, buscando caminos para ayudar. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 15 de diciembre de 2014, en Santa Marta).
