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16-sep.-miércoles de la 24.ª semana del T. O.

¿Cómo quiero ser salvado? ¿A mi manera? [...] O del modo divino, o sea en la vía de Jesús, que siempre nos sorprende

Bendito eres, Señor, por las maravillas que haces en nosotros, por tu bondad y misericordia. Iniciamos el camino de este nuevo día y lo haremos con la confianza puesta en ti, para que nuestras acciones y obras de este día, sean productivas y generosas sobre todo para nuestros hermanos. Que nuestros sentimientos vayan encaminados a hacer tu voluntad y recorrer la senda que Tú nos señales. 

Hoy te pedimos que nuestro corazón sea cargado con sentimientos de amor, para compartirlo con nuestros hermanos. Danos la gracia que el amor sea tan característico de tus discípulos, y sea parte importante de nuestra identidad para que nuestro mutuo amor impulse a la gente a decir: «Miren cómo se aman». Infúndenos la gracia de reconocer que el amor es un don precioso que procede de tu generosidad, que se vuelva rico y espontáneo, como un aliento fresco de vida y de alegría, que ilumine las vidas de nuestros hermanos. Que ellos puedan sentir tu presencia gracias a nuestra presencia humana, cercana, cálida y cariñosa. Que el amor no sea solamente algo que se supone tenemos que hacer, como obligatorio, sino algo que hacemos espontáneamente y con gran alegría. Que este amor perdure y nos ayude a cumplir tu mandato: «ámense como yo los he amado». Ayúdanos a anidar en nuestros corazones los sentimientos que expresó san Pablo: «el amor disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca». Con cariño realizaremos nuestras obras de este día. Amén.

Feliz y amoroso miércoles, en el que celebramos el amor dado en los santos Cornelio y Cipriano, porque ambos testimoniaron tu amor en días de persecución; su amor, por la verdad los llevó a ser víctimas de la persecución de Valeriano. El papa Cornelio fue desterrado Ciitavechia dónde murió en el año 253. El obispo Cipriano fue decapitado en Cartago en 258, dando testimonio de amor a Cristo ante todo el mundo. 

Terminemos con estas palabras: AMA SIN RESERVAS. «A LA TARDE DE LA VIDA, TE EXAMINARÁN EN EL AMOR» (santa Teresa). Nuestros sentimientos de amor se reflejen en nuestra fraternidad y solidaridad. 

Palaba del Papa

Y así se entienden los diálogos fuertes de Jesús, con la clase dirigente de su tempo: se pelean, lo ponen a la prueba, le ponen trampas para ver si cae, porque se trata de la resistencia a ser salvados. Jesús les dice: “Pero yo no les entiendo” y señala que ellos «son como aquellos niños: hemos soñado la flauta y no han bailado; hemos cantado un lamento y no han llorado». ¿Pero qué quieren? ¡Queremos salvarnos como nos gusta! Es siempre este el cierre al mundo de Dios. Ellos no creen en la misericordia ni en el perdón: creen en los sacrificios. Misericordia quiere, no sacrificios. Quieren que todo esté bien acomodado, bien ordenado, todo claro. Este es el drama de la resistencia para la salvación. También nosotros, cada uno de nosotros, tiene este drama dentro de sí. Pero nos hará bien preguntarnos: ¿Cómo quiero ser salvado? ¿A mi manera? ¿Con una espiritualidad que es buena, que me hace bien, pero que está fija, tiene todo claro y no hay riesgo? O del modo divino, o sea en la vía de Jesús, que siempre nos sorprende, que siempre nos abre las puertas a aquel misterio de la omnipotencia de Dios, que es la misericordia y el perdón. Nos hará bien pensar que este drama está en nuestro corazón. (Cf. Homilía de S.S. Francisco, 3 de octubre 2014, en Santa Marta).

son como aquellos niños: hemos soñado la flauta y no han bailado; hemos cantado un lamento y no han llorado
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-16-de-septiembre-de-2026 

No cabe duda de que aquí, en este evangelio, hay una oposición entre la vida de Juan y la de Jesús. «Juan ni comía ni bebía y el hijo del Hombre come y bebe». Juan vive en soledad, en el desierto, vestido con piel de camello, viviendo una vida austera y sacrificada. Y, desde allí, lanza sus dardos con palabras punzantes: «¡Raza de víboras! Ya toca el hacha la raíz de los árboles y todo árbol que no dé fruto será talado y echado al fuego». (Mt. 3,7-11). Jesús no ha vivido nunca solo. Cuando sale a predicar, lo primero que hace, es llamar a un grupo de discípulos para vivir con ellos. Jesús, celebrando unas bodas con sus familiares, cambia la ascética en mística; cambia la tristeza en gozo; cambia las leyes encerradas en viejas tinajas de barro en vino nuevo, del más exquisito amor. Mientras hay vino, Jesús se mantiene sentado, sin actuar. Pero cuando escasea el vino y decae la fiesta, ahí entra en escena dando un vino excelente, es decir una alegría, infinitamente mejor. Jesús es la alegría de la vida. De ahí que sus palabras son de bondad, de ternura, de misericordia. Habla del reino de Dios como de una invitación a un banquete de bodas. Si estrujáramos el evangelio rezumaría alegría por todas partes.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.