En nuestro último día laboral de la semana abrimos los ojos y contemplamos un nuevo amanecer en el que las nubes que estaban oscuras ahora se ven llenas de luz por el reflejo que nos da el sol y nos anuncia este nuevo día. Ahora nos alistamos para iniciar nuestro recorrido de este día y que hoy, motivados por las palabras de san Pablo en su carta a los Corintios: «¿No saben que en el estadio todos los corredores compiten, pero uno solo recibe el premio?»
Hoy estamos llamados, Señor, a correr la maratón de la esperanza y del consuelo; nos hemos preparado perdonando y reconciliando a nuestros hermanos. Ahora, Señor, nos espera la corona de la fe porque hemos corrido al lado tuyo. Gracias, Señor, porque nos has alentado a hacer todas clases de bienes en favor de los demás. Tu palabra, que es inspiradora, nos ayuda en este día a comprender que tenemos que quitar la viga que llevamos en nuestro propio ojo para que con cariño quitemos la de nuestros dos hermanos; danos tu ayuda, Señor, para que este día sea de fraternidad y solidaridad; para que, mirando con los ojos del corazón, no miremos defectos, sino cualidades. Te alabamos te bendecimos y te glorificamos. Amén.
Palabra del Papa
Quien juzga se equivoca, simplemente porque toma un lugar que no es suyo. Pero no solo se equivoca, también se confunde. Está tan obsesionado con lo que quiere juzgar, de esa persona —tan, tan, obsesionado— que esa idea no le deja dormir. … Y no se da cuenta de la viga que él tiene. Es un fantasioso. Y quien juzga se convierte en un derrotado, termina mal, porque la misma medida será usada para juzgarle a él. El juez que se equivoca de sitio porque toma el lugar de Dios termina en una derrota. ¿Y cuál es la derrota? La de ser juzgado con la medida con la que él juzga. El único que juzga es Dios y a los que Dios da la potestad de hacerlo. Jesús, delante del Padre, ¡nunca acusa! Al contrario: ¡defiende! Es el primer Paráclito. Después nos envía el segundo, que es el Espíritu Santo. Él es defensor: está delante del Padre para defendernos de las acusaciones. ¿Y quién es el acusador? En la Biblia se llama «acusador» al demonio, satanás. Jesús nos juzgará, sí; al final de los tiempos, pero mientras tanto intercede, defiende. (Cf. papa Francisco, 23 de junio de 2014, en Santa Marta).
